Ayer, tres de diciembre de 2008, día onomástico de San Francisco Javier, Ignacio Uria fue asesinado por ETA. Uria era un empresario vasco, simpatizante nacionalista, “un hombre de la tierra”, como dicen en Vascongadas. ¿Y por qué lo mataron, entonces? Pues por la misma razón que mataron al resto: por no cumplir las órdenes de los terroristas. Todo aquél que no obedezca a ETA, todo aquél que manifieste opiniones o ideas diferentes a las de ETA y todo aquél que luche contra ETA, es enemigo de ETA, y, por lo tanto, candidato a víctima. Da igual que sea político, juez, policía, militar, empresario o periodista.
Pero, si esto es cierto -que lo es-, si pensar distinto a los pistoleros, no someterse a su voluntad y combatir a los violentos, te convierte en enemigo de ETA, el honor es tal que uno asume con gozo ser posible objetivo de los asesinos.
Habiéndome posicionado ya frente a esta “gentuza”, voy a hablar de “gentuciya”, motivo principal de este escrito. En la tarde-noche de ayer, me decía un compañero “¿Te puedes creer que me han estado llamando facha en clase?”;”¿A tí?¿Cómo es eso?”;”Sí, sí… por estar en contra de ETA”.
Pues bien, este chico no es un nacionalista español de extremaderecha, ni mucho menos: es un muchacho catalán -orgulloso de serlo-, catalanohablante -ídem- y que declara abiertamente ser de izquierdas ¿Entonces cuál es el delito que justifica el insulto? ¿Ser demócrata? ¿Repudiar a una banda terrorista? Parece ser que para muchos sí.
Para las personas que sostienen ideas extremadamente sentimentalistas -demagogas- y, por consiguiente, irracionales, la ley de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” es la máxima imperante. Estas ideologituchas de las que hablo se sitúan en la extremaizquierda y en el nacionalismo más radical. No olvidemos que ETA -y Terra Lliure- es -y fue- resultado de la mezcla de estos dos componentes tan nocivos para la salud de una sociedad.
Pero, para ser sincero, no es esta gentuciya la que más me preocupa, al fin y al cabo será la misma sociedad quién los “escupirá de su seno” a modo de carne podrida. Lo que más me inquieta es que gente de izquierdas y nacionalistas moderados -ni gentuza, ni gentuciya- sigan sintiendo algo de respeto por los etarras. Y cuándo digo “algo de respeto” me refiero al respeto necesario que se necesita para estar dispuesto a sentarse frente a ellos y hablarles de “tú a tú” de temas políticos. Ése es un respeto tan injusto como inmerecido. No tienen carta de ciudadanos, sólo de criminales.
Por todo esto, hay que tener claro que los culpables de la muerte de Uria son gentuza; que los simpatizantes de los culpables son gentuciya; y que la Gente con mayúsculas debemos ser enemigos tanto de la gentuza como de la gentuciya. Es más, debemos hacerlo con orgullo. El honor y la vida nos va en ello.
Antonio Guil Luque